QUÉ VER EN BUDAPEST CON NIÑOS

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budapest con niños

Después de seis días por Budapest «los cuatros», podemos decir que es una ciudad ideal para ir con niños. Las calles son amplias, no tiene excesivo tráfico para ser una capital de país y a pesar de que estaba media ciudad en obras, hay infinidad de medios de transporte donde elegir y con muy buenas combinaciones -tranvía, autobuses, taxis…-, muchos parques y zonas de descanso. A nosotros nos ha encantado y estamos seguros que repetiremos otra vez y más días porque… ¡sí! La realidad es que no pudimos ver prácticamente nada.  

Con un niño de 4 años y medio y otro de año y medio, estuvimos más tiempo en parques y corriendo por calles peatonales que viendo cosas. Era algo que sabíamos que ocurriría, pero aun así disfrutamos muchísimo.  

¿Comenzamos? 

Empezamos por cruzar el Danubio y ver la zona de Buda (nos hospedamos en Pest).   

Cruzamos por el Puente de la Libertad ya que el Puente de las Cadenas se encontraba en obras, fuimos caminando hasta llegar al funicular y desde ahí subimos hasta lo alto de la colina para ver el Castillo de Buda. El trayecto del funicular… realmente no merece la pena o, eso nos pareció, el trayecto dura escasos segundos y si «te toca» el de arriba del todo (es el apto para carritos de bebés), no ves absolutamente nada. La panorámica desde ahí dicen que es preciosa pero como os digo, nosotros no vimos nada.  

Una vez que llegas al Castillo de Buda tienes dos opciones, hacerlo por libre o contratar un guía. Nosotras sin lugar a dudas y escuchando cada dos por tres el: «me hago pis», «tengo hambre», «quiero correr»… decidimos hacerlo por libre. Tienes varias zonas como el museo de Historia de Budapest o la galería Nacional Húngara y lo que más nos gustó: el Bastión de los Pescadores. Hicimos mil fotos. Justo al lado hay unas zonas verdes donde los peques pueden correr un rato y/o descansar.  

Después de recorrer esa zona, volvemos a cruzar el Danubio pero de manera diferente, haciendo una especie de «mini crucero» y ver ambas partes de la ciudad Buda y Pest. Izquierda y derecha. Ambos lados a los que mirar sin poder quitar la vista porque mires donde mires es una maravilla.  

Nuestro siguiente destino sería el Parlamento de Budapest. Nos pareció una auténtica maravilla, muy cuidado, hasta el último detalle. Para poder hacer la visita al interior del Parlamento tiene que ser guiada si o si y, os puede llevar fácilmente dos o tres horas ver todo. Todos los días a cada hora en punto se realiza el cambio de guardia. 

Una vez realizamos la visita, continuamos a orillas del Danubio en un paseo muy agradable y, aunque hay algún cruce y pasan tranvías, también hay unos cuantos metros de zonas solo peatonales y eso, es de agradecer. Pasear a orillas de este río que tantos poemas y libros ha recibido es un lujo.  

Por el camino te encontrarás con Los Zapatos del Danubio, unos zapatos que recuerdan a los judíos que tenían que descalzarse antes de ser asesinados y tirados al río durante la Segunda Guerra Mundial. Un lugar de silencio, de reflexión 😭. Difícil de explicar a los niños, estos hechos cuesta entenderlos hasta a los adultos… ellos solo vieron «zapatos que se les habían olvidado a la gente». 

Una vez que llegamos a nuestro punto de inicio -el Puente de la Libertad-, nos encontraremos con el Mercado Central, allí probamos «los lángos» (pan frito que puedes añadir los ingredientes que más te gusten, dulces, salados o mezclarlos). Puede parecer una especie de pizza pero el sabor de la masa no tiene nada que ver aunque tenga levadura y harina. No se explicar bien el sabor, pero recuerdo que ¡estaba riquísimo! 😋 (comimos uno salado y uno dulce con oreos).  

Otra visita que no podéis dejar de hacer es ir al Balneario de Széchenyi, reconozco que la fama la debe tener merecida, y digo «debe» porque el día que fuimos nosotros, la parte exterior estaba cerrada (la típica que sale en las fotos si lo buscas por internet) y la parte de dentro estaba que no cabía un alma más, y… para colmo yendo con dos niños pequeños, los calentadores del agua no funcionaban (en este punto creo que debían de haber informado en la taquilla en vez de vender entradas como si todo estuviera bien, porque barato, no es). Pasamos un frío horroroso. Supongo que tuvimos muy mala suerte ya que todo el mundo que conocemos y han ido no decían que era una maravilla. Pero como suelo decir, viajar no es fácil y a veces no todo es bonito. Hay días de mala suerte y días de buena suerte. Días de lluvia y días de sol.  

Una vez sales del Balneario, lo primero que te encuentras es el Castillo de Vajdahunyad. Entrar es gratis, la verdad que es muy curioso las mezclas de construcciones que tiene. Al lado tienen una explanada grande que en invierno la convierten en pista de patinaje sobre hielo. A escasos metros nos cruzamos con la Plaza de los Héroes, donde hay siete estatuas que conmemoran a las siete tribus que fundaron Hungría. Si continuamos, nos toparemos con una avenida larguísima, la Avenida Andrássy, una de las arterias de la ciudad. En ella se encuentra la famosa Ópera de Hungría.  

Para terminar os recomiendo acercaros a «la noria», llamada Budapest Eye (al final de la Avenida Andrássy), nosotros no montamos en la noria pero justo ahí, en esa misma plaza –Plaza de Erzsébet– hay un parque genial para los niños (parque, que estaba cerca de nuestro alojamiento y por supuesto, fuimos todos los días jajajaja). Tenía toboganes, zona de escalar, colchonetas para saltar y mucha música. Para ellos la música es muy importante. Jugaron con niños que solo mediante gestos se entendían, me encanta estas situaciones, «no nos entendemos pero con gestos y una sonrisa jugamos juntos».  

Os dejo esta foto que me pareció muy buena idea, en esa misma plaza, a 30 metros del parque, hay esto: 

Me parece genial «plantar» esto en medio de un parque y, esas personas que tengan un deseo desmedido por colgar su candado, lo hagan aquí, no en un puente.  

Os dejo una reflexión sobre una canción que escuché hace tiempo y me vino a la mente nada más ver esto en Budapest: 

«Demasiados candados, la valla no los soportó. 

Quizá fue premeditado, un acto de liberación. 

En el borde del puente, los curiosos se acumulan, 

Viendo cómo se hunde el hierro entre la espuma. 

Mala combinación, cerrojo sin llave, óxido y amor». 

Shinova, la sonrisa intacta. 

Escucha mi entrevista del podcast de  @maternidadviajera pinchando aquí. Puedes leer mis anteriores artículos «Sucedió en Islandia»,  No todo es tan bonito, Guatemala el gran desconocido y Costa Rica, un país verde o juegos en la autocaravana para peques.

Me llamo Almudena y mis pasiones son la lectura, la meditación y viajar todo lo que pueda (aunque sé  que será imposible por falta de tiempo y dinero…). Antes viajaba de mochilera con mi pareja y con mis amigas. Después fui madre y me uní al mundo de  las autocaravanas -sin olvidar mi pasado-. Ahora viajamos de ambas maneras los tres juntos, dándole al niño lo  que más nos gusta, viajes con experiencias, cultura y aventuras. Serán unos recuerdos para toda la vida.  Puede que se olvide de alguna cosa –o de muchas-, pero aquí estaremos nosotros de viva voz, por fotos y  videos para recordárselo. Como él mismo nos ha dicho en un viaje «lo más importante del viaje es que  estamos los tres juntos». Así es.  Nuestro objetivo es crear un adulto tolerante, con experiencias a sus espaldas desde pequeño, que  sepa apreciar y valorar nuestro planeta.  Puedes seguirme en Instagram en @almudena_martin. 

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