GUATEMALA, EL GRAN DESCONOCIDO

LauraDESTINOSLeave a Comment

guatemala con niños

Guatemala se encuentra rodeado de países más turísticos como México, Honduras o El Salvador. Yo, desde luego,  tenía muchísimas ganas de ir a este país, y no, no me ha defraudado para nada. Aunque es cierto que hay cosas con  las que no estoy de acuerdo -en Guatemala y en otros países a los que he ido-, no soy nadie para juzgar la cultura de  otros países. Al final viajar es un aprendizaje constante.  

Hablando con muchas personas locales nos hemos dado cuenta que no hay demasiados viajeros de nuestro país. En  cambio, si muchos de Costa Rica, Panamá, México, Ecuador… países prácticamente limítrofes. Pero no demasiados  españoles, y, Guatemala con niños… menos aún. Al menos nosotros durante nuestro viaje no nos hemos «cruzado» con  ninguno. 

Me resulta extraño ya que es un país grandioso en todos los sentidos. Tiene verde por todos lados, playas, lagos,  volcanes, diversión y mucha cultura maya. Para nosotros tenía todo lo que necesitábamos.  

Sabíamos que sería un viaje para ver no demasiadas cosas, ya que nuestro ritmo ahora es lento. Pasando varios  días en cada lugar ya que como conté en mi primer artículo «Sucedió en Islandia», vamos haciendo ensayo-error y,  para el disfrute de los tres, lo mejor es pasar varios días en el mismo lugar para viajar despacio. Si antes hubiéramos  visto doce cosas, en esta ocasión han sido menos, pero igual de interesantes y, lo fundamental, donde el niño ha  disfrutado. 

Es verdad que no fuimos buscando parques, tampoco había demasiados. Tampoco vimos colchonetas hinchables  gigantes como en Islandia, pero siempre hay otras cosas con las que entretenerse. Lo bueno de los niños es que les 

vale prácticamente cualquier cosa. Una piedra, hojas de los árboles, palos (no pueden faltar), pegamento y ya tienes  solucionados unos cuantos días. Sin obviar las pinturas de colores, para nosotros son fundamentales.  

Siendo honesta no se que diferencia hubiera habido de no haber ido con el pequeño. Porque realmente el viaje lo  planteamos con él desde el inicio. Aún así, viendo guías sobre el país y blogs pudimos hacer prácticamente de todo.  La capital del país la usamos solo como puente para acceder a otros lugares del país. Obviamente, nos quedó  muchísimo por ver. Como suelen decir los viajeros, «es una excusa para volver…». 

Indispensable, nos pareció una ciudad maravillosa, con un encanto especial. Todo  empedrado, manteniendo la esencia de su época colonial. Las casas prácticamente todas a la misma altura,  todas con tonos cálidos… ¡una maravilla! Ir por los mercados como si fuéramos gente local a nosotros nos  encanta. Mirar, buscar y rebuscar, artesanías, frutas… pero sobre todo, nos gusta sentarnos en cualquier lugar y  observar a gente. Como se mueven, como caminan, como hablan… como es su día a día.  

En esa misma ciudad es imposible no acercarse al Arco de la Santa Catalina y hacerse una foto ahí, con el  volcán de fondo. 

A escasos kilómetros, a las afueras de la ciudad se encuentra el Cerro de la Cruz. Desde ahí se contempla toda  la ciudad, también con el volcán como protagonista.  

Hicimos base en Panajachel durante unos cuantos días, para poder visitar los pueblos de  alrededor del lago con calma.  

Panajachel en sí, no tiene nada de gran interés, o al menos, esa fue nuestra percepción. Íbamos todos los días  al embarcadero a coger las lanchas que nos llevarían a alguno de esos pueblos. San Pedro, San Juan, San  Marcos… Estos pueblos tienen unos miradores de escándalo.  

El peque ya había montado en avión, coche, autocaravana, tren… pero en barca o tuk tuk nunca. Le encantó.  Sabía el camino al embarcadero de memoria. Nada más amanecer cada día lo primero que decía era que si hoy  también íbamos a montar en barca o en el «tuk kut» como decía él. 

Esos pueblos no son grandes, es fácil verlos en unas pocas horas, acercarse a cada mirador, dar una vuelta sin  prisa y volver a coger otra lancha que te lleve a otro pueblo.  

De hecho, nosotros a San Marcos repetimos y no porque nos quedaran cosas sin ver, ya que el pueblo es muy  pequeño, si no porque tenía un mirador que nos gustó muchísimo y, del que te puedes tirar al lago Atitlán a unos 

cuantos metros de altura o, bajar caminando y bañarse. Lo bueno de hacer base en un mismo pueblo durante  varios días es eso, si te gusta el lugar, poder repetir al día siguiente. 

Siendo honesta, he de decir que no nos gustó excesivamente y, eso que me encantan los  mercadillos. Pero era un tumulto de personas que apenas se podía caminar y, en esta época Covid, preferimos  salir del mercado y buscar una alternativa. Encontramos un restaurante con columpios y granja y… ¡allí  estuvimos todo el día! 

El mercado en sí, está muy bien, muchísimos puestos de telas a medida de infinidad de colores, pantalones,  camisetas, artesanías, carnes, pescados, frutas… pero viendo la primera calle, nos dimos cuenta que todas eran  muy similares. 

Tomamos ese pueblo como base para conocer las ruinas mayas de Yaxhá y Tikal. Y fue ¡espectacular!  Nos gustó más de lo que esperábamos y eso que, al menos yo, iba con las expectativas muy altas.  Yo era la que más ganas tenía de este país y, aunque había muchísimas cosas que ver y hacer, las ruinas mayas  de Tikal reconozco que era lo que más me llamaba la atención para ir al país.  

Una vez estás en Flores tienes una hora de trayecto hasta Tikal y aproximadamente una hora y media hasta  Yaxhá. 

Lo primero es ir a la «caza» de alguna minivan que vaya al lugar o reservarlo directamente en el  alojamiento, nosotros preferimos la opción de minivan.  

Una vez que pasas el trayecto y llegas a las ruinas te quedas impactado. Sabía que me gustarían, pero en  este caso, superó todas las expectativas que tenía en mi cabeza. Estar allí es una sensación única.  Las ruinas me transmiten algo especial, algo único. Esos lugares abandonados que alguna vez lo fueron todo, un gran imperio, una cultura, una ciudad, una manera de vivir… y que con el paso del tiempo quedaron en el  olvido hasta que se «descubrieron». 

¿Por qué solo ver una cuando puedes ver dos? Es verdad que quizás no tienen la «grandeza» de  Tikal pero también son dignas de ver. Y, estando alojados en Flores, sabiendo que es posible que nunca más  volvamos a Guatemala o, al menos al corto plazo, hay que ir a ver las ruinas mayas de Yaxhá si o si.  Tiene unos miradores en los que se observa como el bosque y la selva con el paso del tiempo han ido  devorando todas las construcciones a su paso. El atardecer desde allí es un privilegio y no, no hay foto del  atardecer, es mejor disfrutar del momento en familia, sin cámaras. Viendo cómo se esconde el sol entre las  ruinas y la selva. 

A la pregunta ¿Guatemala con niños? Definitivamente ¡si! Claro que si es posible ir a Guatemala con niños. Él disfrutó  y nosotros, también. Puedo sonar repetitiva, pero es fundamental ir al ritmo que marquen ellos. Así disfruta toda la  familia.  Puedes seguirme en Instagram en @almudena_martin. Escuchar mi entrevista en el podcast de  @maternidadviajera pinchando aquí, o leer mis anteriores artículos en la web de Objetivo Aire Libre «No es todo tan  bonito».

Me llamo Almudena y mis pasiones son la lectura, la meditación y viajar todo lo que pueda (aunque sé  que Me llamo Almudena y mis pasiones son la lectura, la meditación y viajar todo lo que pueda (aunque sé  que será imposible por falta de tiempo y dinero…). Antes viajaba de mochilera con mi pareja y con mis amigas. Después fui madre y me uní al mundo de  las autocaravanas -sin olvidar mi pasado-. Ahora viajamos de ambas maneras los tres juntos, dándole al niño lo  que más nos gusta, viajes con experiencias, cultura y aventuras. Serán unos recuerdos para toda la vida.  Puede que se olvide de alguna cosa –o de muchas-, pero aquí estaremos nosotros de viva voz, por fotos y  videos para recordárselo. Como él mismo nos ha dicho en un viaje «lo más importante del viaje es que  estamos los tres juntos». Así es.  Nuestro objetivo es crear un adulto tolerante, con experiencias a sus espaldas desde pequeño, que  sepa apreciar y valorar nuestro planeta.  Puedes seguirme en Instagram en @almudena_martin. Escuchar mi entrevista del podcast de  @maternidadviajera pinchando aquí, o leer mis anteriores artículos «Sucedió en Islandia», o No todo es tan bonito

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